25 de diciembre de 2011

Navidad

Es impresionante lo rápido que puede pasar un año sin que te des cuenta. Nos encontramos, de nuevo, en una de las peores fiestas consumistas del año. Y yo pregunto... ¿por qué tener escusa alguna para regalar, para cenar en familia, para soñar e intentar prever el nuevo año? La Navidad es una pura y gigantesca pamplina. Pero, aún pensando de esta manera, he de reconocer que los días son un poco más bonitos de lo habitual, que los largos paseos por Madrid tienen una pizca de dulzura que no tenían antes. Las luces, los escaparates plagados de ojos observadores, los besos notando tu nariz helada... son más especiales en Navidad.

Se respira felicidad, se respira ilusión.

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