18 de diciembre de 2011

Este ha sido...

el más emotivo y el más dulce de todos los regalos que me hayan podido hacer nunca por mi cumpleaños:

Un frío día de invierno me dirigía a Madrid para lo que sería nuestra "primera cita" desde que empezamos a salir, 15 de diciembre. "Tengo que ir a recoger unas cosas a la tienda de mi tío", la escusa más convincente que me he podido tragar. Nos dirigimos hacia Canillas, donde al salir de la boca de metro leí el rótulo "Palacio de Hielo", exhalando un leve suspiro acompañado de un "sería genial si..."

Sin darme apenas cuenta, nos encontrábamos frente a la pista de patinaje con un "feliz cumpleaños" resonando de fondo en mi cabeza. Me quise morir. Te quise besar hasta dejarte sin respiración. Quise abrazarte hasta quedarme sin fuerzas... estuve a punto de decirte "te quiero". Fue maravilloso la sensación que inundó mi cuerpo en ese momento, de hecho, aún sigo sin palabras ante semejante sorpresa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario