Escribo desde mi habitación, un sábado por la mañana. La noche de ayer fuimos a la feria, ya que era la noche de los fuegos artificiales. Una noche en la que parejas, madres e hijos, amigos e infinidad de desconocidos van a pasar momentos de tensión, emoción e incluso amor o miedo. Resumiendo: una noche especial.
Entonces recordé las fiestas del año pasado, en las que me abrazabas mirando a los fuegos, en las que notaba tu mano en mi cintura, en las que llegué a ser felíz... ¿Pero sabes lo mejor? que no lo echo de menos. La sensación de estar con alguien en una noche tan especial para mi, sí, pero no el que fueras tú. He llegado a un punto en el cual, y es lógico después de tanto tiempo "juntos", que la mayoría de las cosas de mi día a día me recuerden a tí aunque solo sea un poco, pero solo recuerdo el detalle, no te recuerdo a tí. Es algo de lo que me enorgullezco.
Viendo los fuegos, el espectáculo pasó a ser un campo de batalla: debido a la proximidad de los artificieros parte de los cohetes y demás material pirotécnico cayeron sobre nuestras cabezas. Por suerte, nadie salió herido, pero el susto fue monumental, pero por supuesto, siempre acompañado de profundas y retumbantes carcajadas. Hacía ni se sabe el tiempo que no salía con todos mis amigos de Parla. Me sentí querida, acogida... una dulce sensacion. A pesar de que no pudimos disfrutar de la feria debido a la hora que era, me encantó poder veros a todos, juntos, otra vez.
Es dificil volver a coincidir todos juntos una tarde, pero me esforzaré por conseguirlo; sé que vale la pena.
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