28 de junio de 2011

El sueño de una noche de Verano

Fue precipitado, inesperado, no imaginé que podría encontrarte allí, con esa sonrisa que aunque tímida, siempre aparece al verme. Hacía cuanto, ¿dos, tres años que no te veía en persona? Has cambiado muchísimo, me sorprendió que ahora seas más alto que yo.
 
Me sorprendió que esos ojos siguiesen mirándome igual.
 
Sin ni siquiera pensármelo, acepté ir a verte esa misma tarde a vuestra actuación de teatro, cuyo título coincide con el de esta entrada. Me entusiasmó la idea de verte de nuevo. ¿Mariposas?, ¿puede llamarse así lo que revoloteaba en mi tripa?. No sé que me pasó, pero no conseguía quitarme de la cara esa estúpida sonrisa que no puedo evitar esbozar cuando estoy nerviosa.

Tras ver la obra y tras pasar un mal rato cuando olvidaste una de tus frases durante la misma, todo el mundo salió al hall dejando tras de sí un mar de aplausos efusivos, e incluso algunas lágrimas. Nada más salir, me di cuenta de que lo único que hacía era buscarte entre la gente, y al encontrarte en la lejanía, descubrí que tú hacías lo mismo. En ese momento, nuestras miradas se cruzaron, y al intentar acercarnos el uno al otro pensando por el camino alguna excusa para dirigirnos la palabra, alguien aleatorio irrumpió en tus pensamientos con ánimos de felicitación por tu actuación. Me aparté esperando, en cierto modo, a que acabaseis de hablar, y antes de darme cuenta, te tenía de frente. Tu mano rozó la mía dejando caer algo que la misma llevaba, una flor de papel, junto a una sonrisa infantil que me llegó a enamorar por completo.

En ese momento, mi corazón se desbordó. No sabía qué hacer, ni qué pensar, simplemente me sonrojé y me fui, ya que teníamos prisa el amigo que me acompañó y yo por hacer algunos recados. Nuestra despedida, un “ya nos veremos”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario