Siempre deseé que este día nunca llegase. Nunca pensé que de verdad pudiese llegar. Nunca imaginé que lo vería delante de mis narices.
La rotura de húmero de la semana pasada, por mucho que digan lo contrario, ha sido la causante de esto. No podía andar, no tenía equilibrio. Ya no comía, ni siquiera los cachos de pan que sobraban de la cena que tanto le gustan... le gustaban. No bebía y sólo quería que la acariciásemos, poniendo esos ojos irresistibles que engatusaban a cualquiera.
Ataque al corazón, casi en mis manos
Eso es lo que tengo roto ahora mismo. Siento que he perdido a un hermano siendo hija única. Siento que he perdido un hijo sin haber lo que es la maternidad. Siento náuseas. Siento que ya no me quedan más lágrimas por derramar, pero siempre acaban apareciendo.
El chillido que salió de su boca mientras se encogía de dolor... no se me olvidará en la vida. EN LA PUTA VIDA. Dejó los ojos casi en blanco, y tirada sobre la mesa auxiliar del veterinario no hacía ni un mísero movimiento.
No puedo hacer ahora mismo otra cosa mas que llorar y darte las gracias por acompañarme durante toda mi infancia, porque 11 años es una cifra que se dice muy rápido. Te quiero y siempre te querré. Y tranquila, algún día volveré a acariciarte, lo prometo.
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