21 de junio de 2012

Mi primer día de verano


Hace bastante tiempo que no escribo, pido disculpas a mis lectores por ello. Todo este tiempo he estado lo que se dice "en época de exámenes", y por supuesto, histérica perdida. Debido a lo estrictos que son mis padres con respecto a los estudios no podía permitirme el lujo de suspender alguna asignatura... Solo tenía dos opciones: aprobar y pasar un verano de fábula o suspender, dejar de estudiar y trabajar en lo que se pudiese. Y no le iba a dar el gustazo a mi madre de regodearse durante un verano más de mi fracaso con las notas. No señor.

Hace poco tuve algunos exámenes de recuperación, de algunos exámenes que me habían salido mal. En resumen, mi diafragma necesitaba ya un descanso, pues llevaba unas dos semanas siendo gelatina de pomelo. Aun así, y aunque me falte saber una sola nota, estoy contenta con mis resultados y SE con toda certeza que quiera mi madre o no, este verano va a ser el mejor verano de mi vida, empezando porque será el primer verano que no pase las vacaciones con mis padres, un verano sin tocar los libros, un verano con mi chico, un verano fantástico.


La verdad, el curso no era ni mucho menos difícil para llegar a suspender, son solo cuatro asignaturas; lo difícil fue caerles bien a las profesoras, ya me entendéis. Ha sido un curso de infarto.

Ayer fue mi primer día de verano, nada más salir del último examen me sentí... ¿Libre es la palabra? No lo sé, pero pude sentir tranquilidad, tranquilidad que no había sentido desde la entrada anterior. Y como no, mi primer día de verano fue con el, donde y como a mí me gusta. Acabamos tirados en el Retiro, con una cachimba de regaliz perfecta, el sol, los pájaros, una leve brisa y de vez en cuando algún que otro beso.

Mi primer día de verano ha sido muy muy especial y espero que todos los que quedan sean igual de especiales. Gracias a mis lectores por seguir leyendo mis entradas, de corazón. 
¡Prometo escribir más a menudo!





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