23 de agosto de 2011

De vuelta a la rutina

Por fin, he vuelto de las vacaciones. Aunque han pasado algunos días desde que llegué, me gustaría ser lo más explícita posible en torno a este tiempo. Sólo he de decir que las vacaciones han sido un completo SUICIDIO. La gente me suele caracterizar por ser alguien social, con capacidad de encontrar amigos hasta debajo de las piedras, pero allí en Lugo, nadie, desierto... Abuelos y niños, y algunos padres. Me pasé la mayor parte de las vacaciones metida en el apartamento viendo la tele y comiendo helado de chocolate... No me gustaría volver a verme así de nuevo. Después de esta horrible experiencia, decidimos visitar a algunos parientes residentes en Asturias, ya que en este momento, es la única familia con la que mantenemos contacto. Y justo para un par de días que podría volver a ver la luz del Sol (exageración máxima), me visita cierta amiga pelirroja, bastante dolorosa, por cierto.

En resumen, en las dos semanas, aproximadas de vacaciones fuera de Madrid, no he hecho absolutamente NADA. Bueno, algo si que he hecho, pensar. Creo que hasta incluso demasiado. Volvieron temas a mi cabeza que hacía incluso años que no los retomaba. Pensamientos olvidados, sentimientos recaidos, hasta emociones frustrantes que no me hubiese gustado recordar. Pensar... Nada más llegar a casa, rompí a llorar. No se el verdadero motivo, ¿desahogo?, puede. Quizá fue la sensación de alivio al saber que al volver a Madrid, no me encontraría sola, y por tanto, no tendria tiempo para pensar.

Nada más llegar, fue un acto reflejo; acordarme de mis amigos. Por ello, no he parado estos tres últimos días (sin contar el de hoy, Lunes), el Viernes, con una de las personas que más apoyo moral, cariño y respeto me aporta, el Sábado, con esa persona tan especial para mí, y aunque acabé de mordiscos por todos lados, en parte, los echaba de menos. Y el Domingo... ¡ay, el Domingo!, decidí quedar con una persona que no veía hacía mucho tiempo. No sabría como reaccionar, ni como reaccionaría él.  Al principio fue bastante raro, siempre le ví como uno de los amigos más amables que he tenido. Pero ese beso lo cambió todo. Después de hartarnos a fumar cachimba en el Templo de Debod (uno de mis sitios favoritos del centro), decidimos dar una vuelta, cuando comenzó a llover. Empapados, y con el paragüas a rastras, su mano agarraba mi cintura y la apretaba contra sí. Llegamos al final de la calle Arenal, justo en frente del Palacio Real, esa pequeña zona de jardines. Lloviendo, con el paragüas en la mano, y rodeándome con sus brazos en un beso indescriptible. Cada vez que leo esta frase en esta entrada, exhalo un leve suspiro.

No se cómo acabará esta historia. Acabe como acabe, será un capítulo más en la historia más larga que haya escrito nunca, mi vida.

2 de agosto de 2011

Despedida

En este instante me encuentro en Lugo, en una comunidad de casas en simbiosis rodeada de abundante vegetación, vacas y Mar. Aún no he indagado lo suficiente como para conocer el “terreno” ni la gente que lo habita, pero a primera vista, me ha dado buena impresión. Como no sé cuánto tiempo estaré alejada de mi rutina, el sábado decidí quedar con aquellas personas que no tuviesen planes, en forma de despedida, pero sin que casi nadie lo supiese.

Estuve todo el día fuera: Por la mañana, nada destacable. Por la tarde, y aunque mucha gente faltó a última hora, me encontré con más personas de las que preveía. Me divertí bastante, exceptuando algunos altercados que me amargaron un poco en su momento, y alguno de ellos lo sigue haciendo. Pero la cumbre de la tarde, el punto clave, fue tu sorpresa. Esas vistas, la  sensación de poder a las alturas… es algo que no olvidaré fácilmente. El Círculo de Bellas Artes llegó a sobrecogerme. Gracias por ello.

El internet aquí va a pedales, pero procuraré continuar el “protocolo” que a muchos os he hecho seguir para poder hablar conmigo. ¡Espero volver a veros a todos pronto!