Quería exponer aquí, en mi blog, un fragmento del manga "Chobits". Una pequeña historia dentro de la historia principal que me ha dado mucho que pensar estos últimos dos días.
-Por que yo... estuve casado con un ordenador.
-Casado con un... ¿ordenador?
-Pero sin entrar en el registro civil. Éramos pareja de hecho.
-¿Eso se puede hacer?
-La Ley aún no contempla el matrimonio como tal, pero sí puedes testar a su favor, declarándolos herederos tuyos y esas cosas. Hay quien deja su herencia a gatos o perros ¿no? Pues esto es igual.
-Pero… pero un ordenador…
-Es una máquina, pero nadie los considera un electrodoméstico común. Para mí ella era mucho más que eso. La encontré en una tienda de electrónica, el día que abrí Tirol (su pastelería). Eso fue después de acabar la carrera y de estudiar hostelería. […] Estaba entusiasmado cuando abrí la tienda; tenía muchas ganas de que todo el mundo probara mis pasteles y me lo tomé muy en serio pero… a la hora de hacer números…
-Ya, ya lo sé. No son su fuerte. […]
-Para cobrar y dar el cambio me hago un lío, asique me decidí en comprarme un ordenador. En la tienda tenían muchos expuestos, pero yo no entendía nada de ordenadores y no sabía cual escoger. El vendedor me recomendaba los nuevos modelos, pero todos me parecían bonitos y no veía la diferencia. Y entonces la vi. Estaba al fondo de la tienda. Tenía un letrero de oferta y el pelo cubierto de polvo. Le pregunté al vendedor: era muy barata porque ya tenía tres años, era lenta y no tenía ni internet ni una buena interfaz que resultara fácil de usar para principiantes. […] Casi sin darme cuenta salí de allí con ella. Al llegar a casa me las arreglé como pude para encenderla, y ella sonrió. “Hola”, me dijo ella. Ahora que lo pienso, fue un flechazo. Ya sé que suena raro que un adulto se enamore de un ordenador…
-¡No tiene nada de raro!, ¡no es raro en absoluto!- dijo Hideki mientras pensaba en Chi.
-Le confeccioné un uniforme y le compré el software necesario para que pudiera ocuparse de la contabilidad. Me costó mucho pero lo pasé en grande, que días tan felices. Cuando me ocurría algo malo, ella me consolaba, y si era bueno, nos alegrábamos los dos. En poco tiempo llegué a quererla de verdad. A mi ordenador. Tanto que… deseaba estar con ella para siempre. Cuando llegas a ese punto… le pides a tu chica… que se case contigo, ¿no es eso?
-Su… supongo.
-Pues yo se lo pedí. Y ella aceptó, con la sonrisa de siempre. En seguida hablé con el abogado para que arreglara los papeles.
-¿Y su familia no se opuso?
-Mis padres ya habían pasado a mejor vida.
-Vaya por Dios, lo siento.
-Como no es muy frecuente testar a favor de un ordenador, la prensa escribió sobre ello. En el barrio no se hablaba de otra cosa. Le compré un traje de novia, y celebramos el convite en un restaurante pequeño. Y aunque no tienen ningún valor oficial, compré dos alianzas. Supongo que muchos pensarían que soy idiota, pero yo era feliz. Me bastaba con poder estar con ella, con ver su sonrisa. Pero al cabo de un año, comenzó a tener problemas.
-¿Qué problemas?
-Empezó a olvidarse de las cosas. Al principio pensé que eran imaginaciones, pero no recordaba cosas del día anterior o no encontraba los ingredientes… y poco a poco fue empeorando. Se olvidaba de los encargos de la pastelería… investigué por si podía arreglarla. La llevé a una tienda de electrónica, y me dijeron que el disco duro estaba lleno, y que su CPU estaba muy cargada, y algún otro desperfecto más. Yo le pedí que la arreglara, pero el dependiente me dijo que habría que cambiar el disco duro por completo, y como ella estaba desfasada sería muy complicado copiar su memoria al nuevo disco. “¿Y eso quiere decir?”, le pregunté, “que cuando reinicie se perderán los datos”, contestó. Le dije al dependiente que me daba lástima, a lo que contestó: “no se preocupe, ella no sentirá tristeza ni dolor, porque no recordará nada en absoluto”. Busqué por todas las tiendas de la zona para ver si podían arreglarla de otro método, pero en todas me dijeron lo mismo. Y ella, empeoró aun más. Se olvidaba de las cosas que acababan de ocurrir. Se me quedaba mirando, y decía: “hola, ¿cómo te llamas?, pero aun así, no la llevé a reparar. Aunque sólo quedaran trazas de lo nuestro en su memoria, lo preferiría a que no había habido nada. Poco después, en un día de lluvia salimos a comprar. Por aquel entonces estaba tan mal que tenía dificultades para hacer las cosas más sencillas. Yo estaba dándole vueltas al asunto. Me quedé pensativo y no vi que se acercaba un coche. Estaba a punto de atropellarme cuando ella me empujó, arrollándola a ella en vez de a mí. Cuando la cogí entre mis brazos ya estaba destrozada, pero aun así, ella seguía sonriendo. “Hola…”. Ya ni tan siquiera recordaba que los coches eran peligrosos, y sin embargo, parecía que lo había hecho por ayudarme. Es absurdo si ya no recordaba nada.
-A mí no me parece absurdo. Estoy seguro de que lo hizo por usted.
-Gracias... Después del accidente la llevé a una tienda para repararla, pero me dijeron que en su estado, ya era imposible. “Si le gusta este modelo, podemos encargar otro para usted”, dijo el empleado, pero para mí ella era ella. Por mucho que se le hubiera parecido el nuevo modelo a ella, no era ella. Era un ordenador, no se puede decir que viviera, pero para mí, aquel día murió. Le hice un funeral, y aunque ella ya no recuerde ni sienta nada, yo nunca me olvidaré de su sonrisa, de su voz, de nuestros momentos felices y duros. Jamás la olvidaré. Tú te sientes igual, ¿verdad Hideki? Aunque Chi no te recordara, tú la recordarías a ella. Si Chi sufriera, tú no podrías olvidarlo, ¿a que no?
-No…
Realmente, la historia es algo absurda, lo reconozco, pero cuando estás sola en casa, leyendo esto, después de una situación dolorosa… a mi me ha llegado a replantear bastantes cosas. En fin, espero que a aquellos que leáis mis entradas también os de que pensar… Gracias por ello.